En Illia al 500, en la mano que va desde el centro hacia la Ruta 9, sólo quedan en pie 4 estructuras originales, de las más de 10 que supo haber: Aún "viven" el Hotel "Damar", el mix "Pollos-Cochera-Delivery" del "turco" (q.e.p.d), el ex bar-quiosko-pasillo y el ex Ministerio de Obras Públicas (hoy Tribunales de Familia). El resto, se transformó en ladrillos de propiedad horizontal, con miles de estudiantes que corren por un lomito o una hamburguesa, fuman marihuana en los balcones, esperan el viernes con ganas y logran regresar a sus departamentos una vez que lo encuentran y logran acertar en la cerradura correcta, con la llave indicada.

Nací en barrio San Marín, en el 75', pero a los pocos meses mis padres decidieron la mudanza al centro. Nueva Córdoba, en realidad, y para ser precisos. De ese lado del Boulevard, somos seccional 4ª; cruzando la calle estamos en el centro, Seccional 1ª. Caprichos de la cartografía ciudadana. Conozco esa cuadra baldosa a baldosa, las tapas de la red de agua, los desagües pluviales, los pocos árboles y las luminarias que irradiaban ese rojizo que entraba por el balcón de las tías y no nos dejaba dormir.

Sobre esa mano, hubo casonas con historia: la última en caer, la de la esquina de Illia y Paraná que "dejó de existir" por estos días. Allí hubo quioscos varios, una librería, antes un bar y al último un Instituto de Prótesis Dental. Después, venía otra vieja casona "múltiple", un 3 x 1. Dos casonas y al centro dos garajes, uno de ellos siempre dedicado a lo "comercial", que también fue librería y después maxi quiosco. Más cerca del 536, otro viejo pasillo con múltiples habitaciones al fondo. Después si, Illia 536. Metros más allá, "el turco" y su polirubro. Más casonas, que hoy son moles en altura, un jardín de infantes, un bar, después dos locales comerciales (óptica y revelado de fotos) con canchas de padel al fondo, el pasillo hacia la nada, el "Ministerio" y final.

En esos 100 metros de historias, por los que transitan miles de personas por día, existió otra vida en la que mucha gente fue feliz. Con chicos jugando en la calle, con amigos de escuela, con fútbol sobre calle Paraná o en el 2 x 2 de cesped del Ministerio, con figuritas y autitos. Con "grandes" que nos enseñaron de la vida en la calle y nos alertaron de sus peligros. Con turistas que preguntaban por la Terminal y con recién llegados del interior que buscaban una habitación en donde empezar una nueva vida en la ciudad.

Esas viejas casonas ya no existen. Esa vida murió. El ritmo es otro, la ciudad es otra. El barrio se "mudó".
Mis tías ya no vienen caminando desde Chacabuco mientras las espero en la puerta. Sergio no lleva el diario a las 6 y 40 y las facturas de "Los 2 Chinos" no están a 1 cuadra y media. Illia al 500 quedó en mi memoria, con sus historias, sus miedos y alegrías. Juanjo, el de los 10 años, sigue ahí, haciendo carreritas desde la esquina de Paraná hasta el "Taller", o sentado en el frente del Ministerio, subiendo las escaleras de casa de a 4 o 5 escalones, jugando en el "frontón" del primer patio o tomando cerveza con las tías en verano (ya a los 15).

"Ese" Juanjo está ahí, esperándome, con sus recuerdos en el corazón.