Volví a ver a Pelusa en vivo. Fue el viernes pasado, en Feriar. Miguel Calderón volvió con todo! En breve, algunas fotos y la crónica de tan hermoso recital. Pelusa le vuelve a dar vida a esta blog.
11 Marzo 2012
4 Septiembre 2010
Ayer me di una vuelta por Illia. Extrañaba. Estaba con tiempo y con ganas de volver a caminar por el Bulevar. Dejé el auto en la Playa de Paraná al 400, la misma en la que durmió el Clio entre el 99 y el 2001. Renault Clio que alguna vez se le "perdió" a mi hermano Pablo, después de una noche larga. Es una playa de varios pisos, muchos autos, donde es común no recordar donde dejaste el auto si cuando a la vuelta de la noche anterior llegaste con un par de copetines de más. Pero esa es otra historia.
Decía que dejé el auto y me fui a cortar el pelo a Illia 520, a la peluquería de Pablo Godoy. Antes que nada, Pablo Godoy me sabía cortar el pelo cuando compartía peluquería con un socio en Chacabuco al 300, durante los 90`. Ahora, tiene a varias chicas y chicos trabajando a metros de Illia 536. Casualidad. En Illia 520 vivió la Familia César, primero los padres, después un hijo y sus hijos. Esa casa le dio lugar a otra mole de ladrillos con la peluquería de Pablo Godoy en planta baja.
Mucha gente por Illia, mucha. Era viernes y muchos estudiantes partían para el lado de la terminal con esas valijas con rueditas, rápido por veredas que ya quedan chicas. La mochila, fue. Mucha gente, mucha. Mucho ruido, muchos edificios en construcción, muchos autos, calles abarrotadas. Un quilombo, bah...
Salgo de la peluquería y me agarra hambre. "Los 2 chinos", pensé y allá fui. "Los 2 chinos" es una clásica panadería de Obispo Salguero al 300, cuya especialidad son, sin dudas, las "tortitas negras", un clásico durante mi adolescencia. Al frente de "Los 2 chinos" sabía tomar el 51 o el 55 para ir al Cole. También pasaba el 50 que me dejaba en la "Soppelsa" pasando Plaza España. Antes de subir al colectivo, pasaba por "Los 2 chinos" y llevaba facturas para el recreo, clásico de los clásicos. Dos compañeros de fierro, Roberto y Matías, sabían darme plata el día anterior para que les comprara facturas ahí, bien tempranito a la mañana. ¿Cuanto hace de eso?. 21 o 22 años.
Illia al 400 es un gran obrador con varios edificios en construcción, más gente, ruido. Doblo por Obispo Salguero, bajando para el lado del centro y zas... "Los 2 chinos" estaban durmiendo la siesta!!!. Increible, 2 y media de la tarde y mi amiga, la encargada de la panadería, que se va a dormir y cierra. ¡¿Cómo puede ser?!. Si, cerrado. "Los 2 chinos" cierra a la siesta, que lo pario...
En fin, volviendo para la playa, compré facturas en una panadería-cafetería muy linda que está en la esquina de Illia y Paraná, lugar en el que supo haber una librería, después un quiosko, más tarde un Instituto de Prótesis Dental y, por último, un valioso terreno baldío en donde se construyeron más de 10 pisos y unos 50 departamentos.
12 Junio 2010
Hace mucho que no paso por este blog y Gustavo Cerati es una buena excusa. Cerati también pasó por Illia 536 con su música. Los acordes de su guitarra y su voz se impregnaron en las paredes de mi habitación y me acompañaron durante mi adolescencia. Esas paredes se cayeron y se volvieron a levantar tiempo después con más fuerza. Hoy, la salud de Gustavo Cerati lucha por levantar ese cuerpo que hizo vibrar, al menos, a 2 generaciones de argentinos.
Por Cerati conocí la Argentina. A su música la descubrí en el verano de 1986 cuando "Cuando Pase el Temblor" era el tema de "moda". Junto a Virus y Miguel Mateos, Soda Stereo se ocupó de teñir de frescura y darle luz a la pesada mochila que al rock nacional le cargaban Sumo y Los Redondos con un oscurantismo agudo, inteligente pero selecto.
Soda Stereo le dio un sentido musical a su carrera que muchos no entendieron. Privilegió un sonido innovador y moderno a letras demasiado cargadas. Fue una elección, que acentuaron con un fuerte apego por lo estético, el "show business" y el entretenimiento. Soda Stereo se preocupó por su público y por brindar, siempre, espectáculos audiovisuales de calidad. Cerati era el estandarte en esa cruzada, poco común en el rock nacional de los 80` y los 90´.
Ahora, un dilema me conmueve. La Salud de Gustavo Cerati está en crisis y una actitud egoísta me lleva a pensar que lo quiero vivo, a cualquier costo. Pero, también creo que fui feliz con su música, que lo disfruté bien todo lo que pude y que lo seguiré haciendo toda mi vida, porque su música me acompañará siempre. Esperar que viva de cualquier forma no es consecuente con su obra, llena de luz y vértigo, ni con su vida, apoyada en su continuo devenir.
El "Paseo Inmoral" de Gustavo Cerati se termina aunque su música va y viene, fluye por las venas a través de su música "que no para de crecer" (Nuestra Fe).
16 Enero 2010
La Familia Antonelli-Guarino estuvo junta por última vez en 1942. Ese año, murió José Antonelli, el padre de familia: tenía 62 años y vivió una buena vida hasta que el negocio que administraba se vino a pique. Una profunda depresión lo llevó antes de lo previsto. Dejó una mujer guapa y 4 hijos, dos mujeres y dos varones. Una 5ª hija, la más grande, la primera, había nacido en 1912 y fallecido poco tiempo después de cumplir 15 años a causa de la "fiebre amarilla". Dicen que ninguno en la familia pudo reponerse nunca a semejante golpe, Setimia (así se llamaba) vivió en el recuerdo de sus hermanos siempre.
Uno de los hijos varones fue (lo será hasta la eternidad) mi abuelo Luis. Las dos mujeres, mías tías abuelas: Gady y Pepa. El otro varón, Egidio, el más chico. Fueron buenos hijos, con amores y angustias, con problemas como todos, con alegrías y tristezas. Su mama se llamaba Rosa Guarino y murió en 1980, a los 90 años (había nacido en 1890).
La foto que ilustra esta página es de 1936. Fue tomada para el Diario "Los Principios" en ocasión de las bodas de plata del matrimonio. Además, fue publicada en el mensuario "Mundo", una "Revista Social" editada para la "Confitería Oriental" que incluía cuentos, novelas, actualidad y sociales. En la foto, están sentados Rosa Guarino (de 46 años por aquel entonces), José (56) y en segunda línea, de derecha a izquierda: Gedy (22), Luis (18), Egidio (17) y Pepa (21).
La Familia Antonelli-Guarino vivió en el esplendor hasta los primeros años de la década del 30`. Vivían muy bien en una antigua casona de Avenida General Paz esquina Humberto Primo. Era una de las casas más grandes de la ciudad con 12 habitaciones, 5 baños y varias salas, todo en un segundo nivel, con varios balcones a la calle. Una entrada principal y otra de servicio. Varios autos: 5 en total, uno para "los fines de semana". En la planta inferior, estaba el negocio de Don José Antonelli, la primer casa de venta de neumáticos "Goodyear" y "Michelin", para el incipiente negocio de los automóviles.
El negocio funcionó muy bien durante muchos años. Los "Antonelli-Guarino" llegaron a ser una de las familias más "reconocidas" de la ciudad, distinguidas en el ámbito social. Don José se daba el lujo de viajar periódicamente a Italia, a visitar a sus parientes. Viajaba en barco y se pasaba unos 6 meses al año en aquel país. Los otros 6 los vivía en Córdoba, con su familia. Era un emprendedor nato y además de la venta de neumáticos pasaba el tiempo desarrollando inventos: Proyectó una serie de amortiguadores para automóviles y fue uno de los primeros en "imaginar" y llevar al papel lo que después fue el "embudo" del Dique San Roque. Era una persona muy activa y emprendedora, un "loco" para la época.
Entre proyectos e inventos, descuidó el negocio familiar y todo se derrumbó con algunos malos contratos con proveedores y contratistas que se hicieron ricos pero que nunca terminaron de saldar sus deudas. El final de la empresa fue su final. Unos 5 años después falleció, triste por ver a sus hijas mayores con la necesidad de ir a trabajar, viviendo en una vieja casona a las "afueras" del casco céntrico, en calle Junín al 536 (después Illia). Corría 1942 y fue la última vez que la familia estuvo completa.
Con los años, Luis y Egidio formaron familia y Gedy y Pepa se quedaron con su mama y sus tías (Italia y Elvira, hermanas de Rosa) en Junín 532 y 536. Vivieron bien, muy acompañadas por la religión (fueron devotas mercedarias), que las guió hasta sus últimas horas, y por sobrinos y sobrinos nietos a quiénes apoyaron y protegieron cumpliendo un rol de madres postizas que todos valoramos con cariño y afecto.
Entre 1975 y 1980 murieron Elvira, Italia y Rosa y la casa sintió el vacío. En esa vieja casona, al fondo, ya estábamos instalados nosotros, los Antonelli-Notararigo. Mi papá, José Luis, hijo de Luis Antonelli y Guillermina Soria y Graciela, hija de José Notararigo y María Hipólito, mis 4 hermanos y yo.
Con Gedy y Pepa vivimos en casas pegadas (una adelante y la otra atrás) durante más de 2 décadas, hasta marzo de 2002, cuando la vieja casona fue vendida. Y con ellas al lado sentimos el amor y el cariño de dos personas amables y buenas, con "chinches" propios de la edad y con "retos" y "castigos" que ni sentíamos pero que soportábamos con una pena que ni ellas creían.
Gedy y Pepa fueron dos tías de fierro que nos bancaron todo, que nos apoyaron en todo y que nos malcriaron todo lo que pudieron, como buenas tías. Fueron dos personas que volcaron todo su amor en sus sobrinos primero, después en sus sobrinos nietos.
Gedy murió en 2007 y Pepa nos dejó el 1º de Enero de 2010. Luis ya había fallecido en agosto de 2005 y Egidio en 1992. Se fueron de esta tierra pero ahora están juntos, como antes, como siempre. Pepa fue la última en irse. Tal vez, por ser la más buena de todas, Dios la dejó en la tierra un par de años más. Vivió siempre por los demás, brindó amor por miles y a muchísima gente. Nos dejó enseñanzas y muchas historias que no vamos a olvidar. Nos dejó su amor, toda su inteligencia, nos dejó parte de su vida. Gracias a todos. Gracias por todo. Los extraño. Espero volver a verlos algún día así siguen malcriando al niño que fui.
28 Diciembre 2009
En Illia 536 era imposible "jugar en la calle". Ni sentarnos en la vereda con amigos, menos patear un fútbol o jugar al gol entra. Salir a la calle era un riesgo: pasaba el 80 al mango, un COTAP llevando gente para Carlos Paz, miles de autos entrando y saliendo de la ciudad por minuto y mucha gente yendo y viniendo desde y hacia la Terminal de Omnibus.
Invitar a mis amigos a casa me dejaba siempre un sabor amargo. No se podía hacer mucho. De chico, mi vida pasaba por otro lado: el club, Rogelio Martínez (el barrio de mis amigos), la casa de mis abuelos, el centro, el parque Sarmiento.
Pero, a principios de los 80` tuve amigos del barrio. Recuerdo a pocos, la mayoría se terminó yendo porque sus padres dejaban de alquilar en la zona o vendían a desarrollistas inmobiliarios con ganas de voltear todo y construir 10 o 15 pisos de ladrillos vistos. Hago memoria: Pipo vivía sobre Paraná, Oscar sobre Illia pegado al Hotel Damar, el "Gordo" al frente de casa. No hacíamos mucho, las juntadas se limitaban a "carreritas" desde la esquina de Paraná hasta el "Ministerio de Obras Públicas" de Balcarce e Illia esquivando señoras con el changuito de las compras (iban al "Americanos" de Illia al 400 o a la despensa de "Don Elías"), a intercambiar figuritas o a jugar a las cartas "match 4" de aviones, "autor argentinos" o de "fórmula", motos, helicópteros o camiones.
Con el tiempo, y los años, las juntadas se trasladaron a otros barrios, mucho fútbol, salidas, secundaria, facultad, nuevos amigos. Mi casa pasó a ser el "bunker" de la previa, porque a todos les quedaba bárbaro como punto de encuentro. Ya si, disfruté más el hecho de recibir en casa a mis amigos, tomar algo, escuchar música y partir con mejor destino. Las "match 4" ya eran un buen recuerdo.
9 Noviembre 2009
Nací en Barrio San Martín de casualidad. A los pocos meses ya estaba en Nueva Córdoba para pasar gran parte de mi infancia y juventud. Bv. Junín, primero; Bv Arturo Illia, después del triunfo radical de 1983. Como repetí en post anteriores, conocí a ese Boulevard de punta a punta y a las paralelas y a las que cortaban a esa arteria, el corazón del barrio junto a la Chacabuco.
Y fue un barrio feliz, como casi todos. En los 80` con familias asentadas en el lugar desde hacía muchos años, con el "super americanos", la mercería, el ramos generales de "don Chaín", doña Amelia y su fama de curandera, el Ministerio de Obras Públicas de Junín y Balcarce, el baldío de Rondeau casi Paraná donde jugábamos al fútbol, el videoclub Ecos de Obispo Salguero, "Los 2 Chinos", la Placita del Hospital de Niños y la Peluquería de "don Almirón". En los 90`, familias mezcladas con los nuevos inquilinos, los estudiantes, el cyber, los kioscos y la comida para llevar. Ya en el nuevo siglo, los nuevos vecinos se quedaron con todo.
Hace unos días, un amigo alquiló una pieza. Lo hizo a través de Internet. Buscó y buscó y por mail confirmó que acompañaría en el alquiler de un departamento de 2 dormitorios, en San Jerónimo y Paraná, a dos chicas del interior de la Provincia de Córdoba. Sin conocerlas, armó la mudanza y tocó el timbre. Ellas, ya lo habían aceptado, a cambio de 600 pesos.
La calle San Jerónimo siempre fue la zona roja del barrio. Una calle "por la que no había que pasar de noche". Con chicas bondadosas y muchachos amigos del alcohol. Pero ya no. Hasta los departamentos de esa zona, la más baja del barrio, están en manos de estudiantes que alquilan piezas a cambio de unos pesos.
Me sorprendió cuando me dijo que había conseguido departamento en esa zona. Me sorprendió cuando me contó cómo llegó hasta ahí. Me sorprendió también su respuesta: "En Nueva Córdoba no vive más gente... ehh... bueno, no viven más familias" aclaró. Debe tener razón.
18 Octubre 2009
Gedy, Pepa y Luis... Hay días en los que no soporto el dolor de extrañarlos. Siento una adictiva necesidad de hablar con ustedes, como antes, como siempre. Hablábamos, mucho, ¿se acuerdan?.
Abuelo, ¿te acordas?. Nos gustaba hablar de política, de fútbol, de la familia, de la vida. A la tarde, a la nochecita, mientras tomábamos algo y veíamos algún noticiero. O cuando me llevabas a comer a La Paila, sábados de por medio. Al principio te escuchaba mucho, aprendía. Después, los diarios me dieron la posibilidad de contarte cosas yo a vos.
Con mis tías hablábamos menos, pero teníamos rachas. Me encantaba escucharlas hablar de la Córdoba de los años 20, de la década del 30`, de Evita-Perón, de la Universidad, de los Padres de la Merced, de sus tías, de sus primos, de su vida. También hablábamos mucho; más en verano, cerveza de por medio. Era un ritual sentarnos a escucharnos, entrada la tarde.
Los extraño mucho. Los quiero mucho. Los recordaré siempre.
Un beso grande a los 3.
21 Junio 2009
